domingo, 30 de agosto de 2015

La sociedad Colonial

La sociedad surgida tras la conquista de América incorporó muchas de las características que ya existían en la sociedad española de la época. En Europa, la consolidación de las monarquías absolutistas había contribuido a la formación de sociedades muy jerarquizadas, con una reducida movilidad social. Habituados a este tipo de modelo, los españoles que llegaron a tierras americanas intentaron reproducir la organización social que conocían.
            Apenas comenzado el proceso de conquista, los grupos sociales se organizaron en relación al color de la piel y el origen familiar.
            Por un lado los “blancos” es decir, los europeos y los hijos de europeos que habían nacido en América (llamados criollos). Los “blancos” eran el grupo privilegiado. Eran los únicos que podían gobernar y ocupar posiciones de poder. Por otro lado quedaba la mayoría de la población, “los indígenas” (o indios), considerados inferiores y sometidos al gobierno de los conquistadores y sus hijos.
            Con el paso del tiempo, la llegada de esclavos africanos vino a modificar esta situación, pues se incorporó un tercer grupo social, el de “los negros”.
Paulatinamente, estos distintos grupos sociales comenzaron a relacionarse y a tener descendencia, originando un fenómeno conocido como mestizaje, por ejemplo, cuando un “blanco” español tenía hijos con una mujer indígena o africana. Este llevó a que se fuera generando un complejo sistema de castas, con grupos diferenciados entre sí según el tono de la piel, su origen social y su posición en la escala social.

Los blancos
            Constituían el sector más elevado de la sociedad colonial. Si bien su número era reducido, tenían privilegios por sobre el resto, y eran los únicos que podían  de ocupar puestos de gobierno. En este grupos se incluían los encomenderos, los hacendados, los comerciantes, los funcionarios, la nobleza y quienes ocupaban los cargos más altos de la administración civil y de la iglesia.
            A medida que la corona se fue consolidando su dominio en América, nuevos grupos peninsulares se desplazaron a la región, aunque eran rechazados por los conquistadores primero se habían instalado allí. Esto genero tensiones entre los propios españoles, ya que las principales posiciones políticas y las actividades económicas más rentables siguieron controladas por el mismo grupo, mientras que los recién llegados debían dedicarse a actividades menos relevantes, como el comercio minorista, la producción agrícola o el transporte de mercadería de una región a otra.
Otros conflictos se originaron entre los españoles peninsulares y los españoles criollos (hijos de europeos, pero nacidos en las colonias). En general, estos últimos se dedicaron al comercio o al ejercicio de alguna profesión liberal (escribanos, abogados o médicos), pero tenían fuertes restricciones para ocupar cargos más elevados en la administración o en la instituciones eclesiásticas, ya que la Corona privilegiaba a los nacidos en la metrópoli, Están diferencias también se expresaron en la discriminación que debían sufrir los criollos por parte de los peninsulares, que los consideraban de menos nivel Social
Los indígenas
La situación de los indígenas en el sistema colonial era muy mala. Así lo que muestra, por ejemplo, el debate que mantuvieron los españoles acerca de si podían ser considerados personas o debían ser tratados como animales.
De todas formas, no todos los indígenas se hallaba en la misma posición. Cuando llegaron a América los españoles, en especial en culturas que habían originado grandes organizaciones estatales, con grupos sociales diferenciados, entre las culturas originarias. Aprovechando este hecho, los conquistadores fomentaron el desarrollo de una élite indígena que, si bien  estaba subordinada a los españoles, tenía privilegios frente al resto de los pobladores originarios.           Para poder conservar sus posiciones de privilegio, los miembros de la élite indígena adquirieron los valores y las costumbres de la cultura europea y desde entonces comenzaron  a servir como intermediarios entre la corona y la gran masa de habitantes nativos  de América.
Por otro lado, el resto de los indígenas era empleado como mano de obra forzada en las minas o en haciendas para la producción agrícola. Estaban obligados al pago de un tributo, y aunque formalmente era súbditos libres, en la práctica se hallaban a Merced de los conquistadores.

Los esclavos
En la parte más baja de la pirámide social, en tiempo de la colonia, se ubicaban esclavos africanos. Sus condiciones de vía eran particularmente duras, ya que no tenían ningún derecho: sus amos podían decidir incluso quitarles la vida.
A medida que aumento el trafico de esclavos, su presencia se difundió por distintas zonas del continente. El símbolo que indicaba que un esclavo había sido traído legalmente a la colonia (es decir, que se habían pagado los impuestos correspondientes) era una marca de hierro incandescente que se les grababa en la espalda o en el pecho.
            La mayor parte de los esclavos trabajaba en las grandes plantaciones de caña de azúcar o algodón. También, muchas veces, era utilizados en los lavaderos de oro, como en la zona del caribe, como en la zona del Caribe, o en las minas de metales preciosos de México o Perú. En otras ocasiones eran empleados para trasladar productos de una región a otra y para diferentes servicios en instituciones civiles o eclesiásticas. Finalmente, en algunos casos se los utilizaba como trabajadores domésticos en las fincas de los españoles más adinerados.

Las castas
Las distintas castas que existían en la sociedad colonial estaban formadas por hijos de padres y madres de distinto origen. Eran considerados inferiores por los blancos, quienes se preocupaban por mostrar su “pureza de sangre” ya que contar con indígenas o esclavos africanos como familiares implicaba disminución de su categoría social. Ya que en el siglo XVIII se formalizo un sistema en el que la pertenencia a cada casta se determina por la cantidad de sangre “ blanca “, indígena o negra que predominara en cara persona.
La casta más numerosa es la de los mestizos (hijos de español e indígena) Menos numerosos eran los mulatos (hijos de blanco y mujer africana) los zambos,





EL MONOPOLIO ESPAÑOL CON EL VIRREINATO CONTRABANDO DE MERCADERIA INGLATERRA

SISTEMA COMERCIAL ESPAÑOL: EL MONOPOLIO ESPAÑOL

El objetivo del monopolio español era obtener las ganancias exclusivas de los productos comerciados con las colonias de América y evitar la competencia de otras potencias europeas como Inglaterra, Francia y Holanda. España exportaba a América cerámica, calderos, sal, hilos, armas, tabaco, mercurio, espejos, papel, sellado, barajas y vidrio; e importaba cuero, sebo, tasajo y algodón. Aquí se puede apreciar el defasaje entre los productos que se importaban y los que se exportaban.
En un principio, se habilitó un solo puerto en España, el de Sevilla, y más tarde, el de Cádiz. Desde allí enviaban la mercadería a los puertos americanos de Veracruz (en México) y Portobelo (en Panamá), mediante una flota compuesta por barcos mercantes y galeones de guerra, que defendían a aquéllos de los ataques de los piratas.
Las mercaderías partían de España dos veces al año y llegaban a Veracruz entre diciembre y enero, y a Portobelo, en agosto. Desde allí eran repartidas todas las colonias por distintas rutas comerciales. Los productos que llegaban a Buenos Aires seguían el siguiente camino: del puerto de Cádiz (España) llegaban al de Portobelo; de allí se dirigían al Callao y bajaban a Lima, desde donde arribaban finalmente, á Buenos Aires.
De esta manera, las mercaderías tardaban muchos meses en llegar a destino, por la distancia que debían recorrer, y su precio se enormemente a causa del transporte. Además, muchas de ellas llegaban en mal estado.
Todo esto llevó a un hecho que fue tomando, poco a poco, gran importancia contrabando, es decir, la introducción de mercancías en forma ilícita, sin pagar los derechos de aduana. Inglaterra, Francia, Holanda y Estados Unidos contrabandeaban intensamente productos como ginebra, espejos, tejidos, seda, perfumes, adornos, vajilla, tabaco, agujas, telas, clavos, cuchillos y objetos varios Por supuesto eran mucho más baratos y las ganancias que obtenían los contrabandistas superaban el 200%.
Para tratar de cortar el contrabando, España concedió a Francia el permiso de asiento de negros y a Inglaterra, el derecho de negociar con esclavos por un periodo de 30 años, a través de los llamados navíos de permiso (uno solo por año).
En esta época es cuando se nombra á Buenos Aires capital de provincia y su actividad comercial, basada eh el contrabando, era intensa.
Buenos Aires se había convertido entonces en una ciudad de cambio , especie de feria internacional donde a falta de abundante producción propia, se introducían clandestinamente mercadería del exterior que luego se revendía en el Tucumán y Alto Perú. Como la producción local no alcanzaba valor suficiente para pagar tales introducciones, también se exportaba de contrabando productos con metálico del Perú cuya extracción estaba rigurosamente prohibida.
De esta forma el contrabando casi había roto el monopolio español. Por entonces en 1809 lo ganaderos de Bs. As. y los comerciantes españoles , ayudado por Mariano Moreno, presentaron la Representación de los Hacendados, mediante el cual solicitaban el libre comercio de sus productos. Esto fue lo que provocó la Revolución de Mayo un año después , proceso que culminó en 1816, con la independencia.
PARA SABER MAS…
El Sistema Comercial Español: La explotación de metales preciosos también fue el centro de la organización del comercio ultramarino. Una ruta comercial por donde circulaba la plata, y las monedas acuñadas con ella, unía América con España. Esta ruta privilegiaba los principales centros económicos americanos, México y Perú, desde donde se enviaba a España la plata, a cambio de manufacturas y artículos de lujo producidos en España y en otros países de Europa. España estableció un monopolio comercial para evitar que los países europeos se beneficiaran con las riquezas americanas.
Todos los productos que se dirigían a América y que llegaban de América debían pasar por el puerto de Sevilla. También prohibió a sus posesiones americanas comerciar con otras naciones y sólo abrió unos pocos puertos para el comercio con España. El transporte de las riquezas americanas se hacía a través de flotas, que circulaban protegidas por la Armada española. Año a año partían las flotas de España al Caribe; al llegar allí sus rutas se dividían.
Una ruta se dirigía a Veracruz, en México, desde donde las mercaderías se distribuían por toda Nueva España. La otra ruta llegaba a Panamá. Allí se conectaba con la ruta del Pacífico, cuyo centro era el Perú a través de su puerto, El Callao, cerca de Lima. Todos los puertos fuera de estas dos rutas estaban cerrados al comercio legal español.
La plata fue el centro de la organización del comercio de largo alcance. La producción de plata, y las monedas acuñadas con ella, eran el motor de una ruta comercia]’ que unía América con España. La ruta privilegiaba los principales centros económicos americanos, Nueva España y Perú, desde donde se enviaba a España la plata a cambio de manufacturas y artículos de lujo.
España mantuvo pocos puertos abiertos para el comercio, e implemento un monopolio comercial, ya que prohibió a sus posesiones americanas comerciar con otras naciones. Todos los años partían flotas de España al Caribe; al llegar allí, sus rutas se dividían.
Una ruta se dirigía al puerto de Veracruz, en Nueva España, desde donde las mercaderías se distribuían por todo el virreinato. La otra llegaba a Panamá, donde se conectaba con la ruta del Pacífico, cuyo centro era el puerto de El Callao -muy cerca de Lima- en el Virreinato del Perú.
Todos los puertos fuera de estas dos rutas estaban, teóricamente, cerrados al comercio legal español. Una consecuencia de esto, importante para la historia del Caribe y del Río de la Plata, fue el contrabando o comercio ilegal, por medio del cual una cierta cantidad de plata se escapaba del control español.


Actividades productivas en las colonias

La minería

La extracción de metales preciosos fue la principal actividad económica a la que se dedicaron los españoles. El hallazgo de enormes fuentes de recursos en el territorio americano fue seguido de una política de extracción que orientó a mayor parte de los esfuerzos de la Corona.
            En un primer momento, los conquistadores, asombrados por los trabajos que los pueblos originarios realizaban con los metales, se dedicaron a saquear o intercambiar las piezas de plata y oro con que contaban los incas, los aztecas y los mayas. A medida que se fueron asentando en los nuevos territorios, los españoles comenzaron  a recolectar el oro que se encontraba en los lechos de los ríos. Para eso empleaban manos de obra indígena, mediante un régimen de trabajo forzado.
            Pero el comienzo de la extracción de metales preciosos a gran escala fue cuando se descubrieron, a mediados del siglo XVI, los principales yacimientos mineros de América: las minas de Potosí (actual Bolivia) y las minas de oro en Zacatecas (México). En un principio, los metales eran extraídos utilizando las mismas tecnicas que empleaban los pueblos originarios. Sin embargo, ya desde la década de 1570 se empezó a utilizar el método de la amalgama, que abarataba notablemente los costos, al incorporar el mercurio en el proceso de refinamiento.
Esta técnica demandaba gran cantidad de mano obra indígena.
Al emplear tanta mano de obra, los yacimientos más importantes terminaron por transformarse en grandes centros económicos, dinamizaron todo el territorio de las colonias. Quienes vivían allí necesitaban alimentos y otros productos básicos para la supervivencia, que muchas veces no se producían ahí mismo. Esto llevó a que se organizaran redes de tráfico comercial que abastecían estos centros mineros con productos que traían desde otras regiones.

Los ciclos de producción minera
            La producción minera fue en constante aumento durante el siglo XVI. Pero en el siglo XVII se comenzaron a ver las primeras fisuras en esa organización colonial, extremamente dependiente de la extracción de recursos minerales.
Donde primero se hizo sentir estos signos fue en Potosí, zona en la que la producción de plata empezó a disminuir y en Huancavélica, de donde se extraía el mercurio necesario para refinar el metal. En México, por su parte, los niveles de producción se mantuvieron constantes durante más tiempo, gracias al descubrimiento de nievas minas.
Las variaciones en el volumen de metal obtenido tenían consecuencias directas para la economía de la corona española: cuando descendieron los volúmenes de plata enviados desde Perú, toda España sintió el impacto.
A medida que se reducía el volumen de metales preciosos que se lograban extraer, comenzó a aumentar, paulatinamente, el dinero destinado a otras actividades, como la producción agrícola. Es por eso que el agotamiento de los recursos mineros trajo como consecuencia profundos cambios en la organización económicas de la colonias.

Las actividades agrícolas
La producción agrícola en las colonias americanas fue fomentada por los conquistadores, aunque durante largo tiempo se mantuvo en un segundo plano respecto a las actividades mineras. Si bien existieron algunos pequeños establecimientos agrícolas, cuya producción se orientaba  a la autosubsistencia o al comercio dentro del territorio americano, lo más común  fue la formación de grandes latifundios dedicados a la exportación hacia la metrópoli.
En cuanto a los cultivos más extendidos, muchos de ellos fueron traídos por los españoles desde Europa, como el trigo, la cebada, la vid, el algodón, la caña de azúcar o el olivo. También se generalizo la producción de algunos cultivos americanos, como el tabaco, que eran directamente controlados por la Corona.
La producción agrícola en América, durante la ocupación española, se organizo principalmente alrededor de dos tipos de actividades productivas.
·    Las Haciendas eran grandes latifundios orientados a la cría de ganado y al cultivo de diversas especies vegetales. Sus dueños eran españoles. Se originaron para satisfacer la demanda de productos  que se realizaba desde los centros mineros y sus alrededores. Si bien estaban centradas en la agricultura, también se podían dedicar a la ganadería o a la producción de artesanías. A medida que la actividad minera fue entrando en decadencia, las haciendas cobraron cada vez más importancia y adquirieron  una dinámica propia, orientándose cada vez más hacia el mercado externo.
La mano de obra que utilizaban las haciendas era indígena, aunque unas pocas de ellas empleaban esclavos.
·    Las plantaciones, desde sus orígenes, estuvieron ligadas al comercio interoceanico. Se dedicaban a la producción, en grandes extensiones de tierra, de un solo producto, que luego era vendido, exclusivamente, en los mercados españoles. Por lo general, las plantaciones se ubicaban en zonas tropicales, y se dedicaban al cultivo de algodón, del tabaco o del azúcar. A diferencia de las haciendas, la mano de obra que utilizaban era las plantaciones estaba, en su gran mayoría compuesta por esclavos africanos.
En las colonias españolas, casi todas las plantaciones se ubicaban en la zona de las Antillas, sobre el mar caribe, y en el territorio de la actual Venezuela.

EL TRABAJO INDÍGENA Y ESCLAVO
Como parte del proceso de conquista, los españoles sometieron a los indígenas americanos a diferentes formas de trabajo forzado. Aunque eran considerados súbditos del rey, los habitantes de los pueblos originarios eran tratados, por parte de los españoles como seres inferiores. En consecuencia, los conquistadores los empleaban en condiciones de trabajo inhumanas, sin ninguna consideración. De esta forma, los españoles se garantizaron buena parte de la mano de obra que necesitaban para llevar adelante la actividad minera y el resto de los emprendimientos productivos, y también  les sirvió como herramienta para controlar y disciplinar a los pueblos originarios.
En los primeros tiempos coloniales, la encomienda fue el principal sistema en que se utilizo la fuerza de trabajo indígena. El rey de España le concedía a un encomendero los derechos a utilizar el trabajo de un grupo de indígenas.
Estos debían entregar al encomendero un tributo, en productos y en trabajo, mientras el español a cambio velaba por por la protección de los indigenas y los promovía su evangelización. Por los recursos económicos con los que contaban los encomenderos adquirieron mucho poder en las colonias, llegando a ocupar cargos en cabildos y otras instituciones de gobierno.
Las encomiendas, la mayoría de las veces no lograron su objetivo de incorporar a los pueblos originarios a las tradiciones y costumbres europeas.
Hacia mediados del siglo XVI, las encomiendas comenzaron a desaparecer, por varios motivos. Por un lado, la Corona comenzó a temer que se formase en sus colonias un grupo de encomenderos demasiado poderoso. Por otro, los abusos frecuentes cometidos por los encomenderos contra los indígenas terminaron por convencer a la Corona de acabar con estas instituciones, Fue entonces que aparecieron los corregimientos.
Los españoles, por otra parte, también aprovecharon algunas de las formas de organización del trabajo con las que ya contaban los pueblos originarios. La MITA era una institución incaica mediante la cual los ayllus entregaban trabajadores al Inca. Aprovechando este precedente, los conquistadores emplearon la mita para garantizarse la mano de obra necesaria en las minas. Pero al mismo tiempo, introdujeron modificaciones drásticas en este sistema, no respetaban los turnos a los que estaban habituados las comunidades, y las condiciones de trabajo eran particularmente duras, lo que provocó un gran aumento de la mortandad entre los indígenas mitayos
Los YANAS durante la época precolombina, eran sirvientes del tawantisuyu, y se los utilizaba para distintos tipos de tareas. Los españoles, en cambio, emplearon al sistema de yanaconazgo para sacar provecho de los yanas mediante su empleo en las haciendas privadas. Desligados de su comunidad de origen los yanas pasaban a ser trabajadores forzados al servicio de un español.
El porteo se utilizaba para obligar a los indígenas a realizar transportes de productos y mercancías a los largo del territorio andino.

La mano de obra esclava

Al poco tiempo de que se establecieran los españoles en la zona de las Antillas, sobre el mar Caribe, los malos tratos a los indígenas de la zona y las enfermedades que traían desde Europa hicieron que casi desapareciera por completo la población originaria.  Por este motivo comenzo la importación de personas de piel negra proveniente de África, para que trabajasen en las plantaciones de caña de azúcar de esa región, tarea que requería gran cantidad de trabajo manual.
Este sistema, también conocido como trata de negros se organizaba a partir de comerciantes europeos que compraban esclavos a reyes de diferentes pueblos africanos
Existían dificultades para su traslado hasta América, por lo cual  los esclavos africanos nunca llegaron a reemplazar por completo la fuerza de trabajo indígena. Además los indígenas estaban mejor clasificados para realizar ciertas tareas más complejas, como la minería, el cultivo de granos o la crianza de ganado.
Las condiciones de vida de los esclavos eran particularmente duras. Desde el momento en que eran capturados en África, se los encadenaba y se los llevaba a los puertos, donde eran embarcados hacia nuevos destinos. Una vez allí, los europeos le asignaban un precio según sus condiciones físicas y capacidades para el trabajo, y eran vendidos en el mercado, como si fueran mercancía. Ya en poder de los dueños debían soportar condiciones de trabajo extenuantes en las plantaciones, donde realizaban cualquier tipo de labor que sus propietarios le asignaban.
A medida que aumentaba el descenso demográfico de la población americana nativa, la trata de negros se fue volviendo más habitual. Ya sea para el trabajo de plantaciones o para la incorporación como personal domestico en las casas de los españoles de mayo prestigio, el envió de esclavos africanos América se mantuvo en pie hasta el siglo XIX.









domingo, 23 de noviembre de 2014

EL SIGLO DE LAS LUCES, LA ILUSTRACIÓN o EL ILUMINISMO: una revolución en el conocimiento

Siglo de las Luces o Ilustración, término utilizado para describir las tendencias en el pensamiento y la literatura en Europa y en toda América durante el siglo XVIII previas a la Revolución Francesa. La frase fue empleada con mucha frecuencia por los propios escritores de este periodo, convencidos de que emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad.
Los hombres del iluminismo adherían firmemente a la convicción de que la mente puede aprehender el universo y subordinarlo a las necesidades humanas. La razón se convirtió en el Dios de estos filósofos, quienes se inspiraron principalmente en los avances científicos de los siglos precedentes. Tales avances los llevaron a una nueva concepción del universo basada en la aplicabilidad universal de las leyes naturales.
Utilizando los conceptos y las técnicas de las ciencias físicas, emprendieron la tarea de crear un mundo nuevo basado en la razón y la verdad (basada en la razón y la observación). Los filósofos investigaron todos los aspectos  de la vida social; estudiaron y analizaron las instituciones políticas, religiosas, sociales y morales, las sometieron a una crítica implacable desde el punto de vista de la razón y reclamaron un cambio. Generalmente descubrían que los valores y las instituciones tradicionales eran irracionales (contrarias a la naturaleza del hombre).
Por ello estos pensadores hicieron una guerra constante a lo irracional, y la crítica se convirtió en su arma más importante. Combatieron lo que consideraban superstición, fanatismo o intolerancia; lucharon contra la censura y exigieron la libertad de pensamiento; atacaron los privilegios de las clases feudales y sus restricciones sobre la clase industrial.
El Iluminismo creó realmente una forma de pensamiento filosófico que era original en su totalidad. Se da gran importancia a las investigaciones e indagaciones. La filosofía ya no es una mera cuestión de pensamiento abstracto, sino que adquiere la función práctica de criticar las instituciones existentes para demostrar que son irracionales e innaturales. El Iluminismo exige el reemplazo de estas instituciones y de todo el orden anterior por otro nuevo, más razonable y natural; tiene, por lo tanto, un aspecto negativo y crítico como un aspecto positivo. Es el proceso de criticar, dudar y demoler, así como el de construir. Con el tiempo, esta unidad de tendencias “negativas” y “positivas” se quebró, y después de la Revolución Francesa, ambas se manifiestan como principios filosóficos separados y antagónicos.
EL ESPÍRITU ILUMINISTA
Desde la antigüedad hasta la Edad Media, la ciencia estuvo dominada por las ideas de Platón y de Aristóteles que, sumadas a los aportes de Tolomeo (siglo II d. C.) y modernizadas un poco por el cristianismo, impedían cualquier cuestionamiento que proviniera de la observación directa o la experimentación. A partir del Renacimiento (iniciado en Italia en el siglo XIV, expandido por Europa en los siglos XV y XVI), se trató de fundamentar la ciencia en la razón, por lo que resultaba imprescindible superar la teoría de Tolomeo.
En el siglo II d. C. Claudio Tolomeo propuso una versión detallada de la visión geocéntrica del Universo, ya antigua en su época. Este modelo  representa a la Tierra inmóvil, con los planetas, la Luna y el Sol girando a su alrededor. El sistema fue aceptado por los astrónomos y los pensadores religiosos durante unos mil años. En el siglo XVI Nicolás Copérnico resucitó otra idea antigua, el modelo heliocéntrico del Universo. El nuevo modelo fue rechazado por la Iglesia, pero poco a poco fue ganando aceptación científica. Los datos de Copérnico no eran más precisos que los de Tolomeo, pero sus ideas se ajustaban mejor a la nueva física que se desarrolló en el siglo XVII. El sistema de Copérnico adelantó la teoría de que los planetas giran en órbitas alrededor del Sol, y que la Tierra es uno de los planetas y gira sobre su eje norte-sur de oeste a este a razón de una rotación por día.
Las posibilidades aumentaron cuando el propio Galileo construyó un telescopio que permitió contemplar la homogeneidad del universo; éste, era un todo armónico y todo fenómeno podía ser explicado racionalmente utilizando los principios que la ciencia iba descubriendo.
La razón y la ciencia permitían al hombre alcanzar grados cada vez mayores de libertad y, por ende, un creciente nivel de perfección. Los filósofos no se inspiraban en Descartes, sino principalmente enNewton, cuyo método no era la deducción pura, sino el análisis. Newton estaba interesado en los “hechos”, en los datos de la experiencia, sus principios y el objetivo de sus investigaciones descansaban, sobre todo, en la experiencia y la observación; para resumir, tenía una base empírica.
Los filósofos observaron que la ley general de la gravitación de Newton fue el fruto de la rigurosa aplicación del método científico.
Ley de Newton Utilizando el invento de Galileo de que los cuerpos en caída libre adquieren una aceleración constante, y la observación de Kepler de que existe una relación fija entre la distancia de un planeta con respecto al sol y la velocidad de su revolución, Newton llegó a la ley según la cual el Sol atrae a los planetas con una fuerza directamente proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ellos. Luego pudo demostrar que todos los cuerpos del universo adquirieron sus posiciones y su movimiento por la fuerza de la gravitación. Además, la fuerza que mantiene a los planetas en su órbita provoca también la caída de los cuerpos en la tierra. Esta ley regía en todo el universo. El universo finito se había convertido en una máquina infinita, eternamente en movimiento, gracias a su energía y mecanismos propios.
El método científico llegó a ser una herramienta indispensable para el estudio de todos los fenómenos, dejaba al descubierto muchos errores, las luces de la razón venían a acabar con la ignorancia. Los pensadores del siglo XVIII consideraban que los hombres eran naturalmente libres e iguales, y capaces de establecer normas para que sus derechos fueran respetados. Queda claro que estas ideas no coincidían con el orden vigente.
La Monarquía de origen divino debía ser reemplazada por una organización política basada en la razón, aunque aún confiaban que los reyes podían convertirse en los intérpretes del nuevo programa renovador. Los nobles y el clero, tan privilegiados como improductivos, serán el centro de la crítica ilustrada. El barón de Montesquieu (1689/1755) era un miembro de la nobleza que se preocupaba por el destino de la monarquía francesa, a la que creía proclive a caer en el despotismo. Postuló la necesidad de que la ley limitara a la autoridad. Su sistema político ideal imaginaba una estructura donde los distintos poderes –Legislativo, Ejecutivo y Judicial- mantuvieran un equilibrio y se limitaran mutuamente. En el fondo, era un conservador que pretendía conservar los derechos de la aristocracia de los excesos de la monarquía.
La Iglesia deformaba la imagen de Dios y las Sagradas Escrituras impedían comprender su realidad esencial. Estos pensadores sostuvieron una religión “natural”, el deísmo, que reconocía la existencia de un Dios creador de la naturaleza, pero negando que se pudiera manifestar de alguna manera que no pudiera ser explicada por la razón (milagros y supersticiones).
El siglo XVIII dejaría también su huella en el pensamiento económico. El mercantilismo sería reemplazado por el librecambismo. Los fisiócratas sostenían que la economía estaba regida por principios naturales entre los que sobresalía el interés individual de las personas para consumir y producir para alcanzar un mayor bienestar, siempre y cuando se respetara la competencia. Para ellos la industria y el comercio eran estériles ya que sólo transportaban los productos agrícolas, que eran los que tenían mayor valor. Fue la primera escuela económica.
NUEVAS IDEAS EN POLÍTICA
“Ten el valor de usar tu propia inteligencia” dijo el filósofo alemán Emmanuel Kant, en 1784, y ese lema fue una muestra de lo que traería esta generación de pensadores, que protagonizaron un movimiento que marcó un antes y un después en la historia del pensamiento: el Ilumimismo, originado en Inglaterra a fines del siglo XVII con dos figuras destacadas: Isaac Newton y John Locke; luego se desarrollo en Francia y se expandió por toda Europa.
¿Quiénes eran los llamados “filósofos”? Eran los literatos, profesores, estadistas, periodistas, científicos de la política y, sobre todo los reformadores sociales. Provenían de la nobleza y de los sectores medios. Podemos destacar:
a)        JOHN LOCKE (1632/1704), el precursor, fue quien ejerció una influencia decisiva sobre los filósofos ilustrados y cuyas ideas sintetizan la “Gloriosa Revolución” que acabó con el absolutismo monárquico en Inglaterra. En 1690 escribió “Dos tratados sobre el gobierno civil”, en los que desarrolló la idea de contrato social que ya había sido trabajada por Thomas Hobbes[1]. Para Locke, las relaciones sociales eran naturales y anteriores al contrato social, pero el poder para gobernar provenía de la voluntad de hombres libres, que también le ponían límites. Cada persona cedía parte de su poder para crear un gobierno que garantizara la vida en sociedad y en convivencia. Las personas tenían derechos naturales (como la libertad y la propiedad) que no podían ser avasallados por ese gobierno. En tal caso, los gobernados tenían el derecho de sublevarse y reemplazarlo por otro. Así reza su epitafio:
Detente, viajero. Aquí yace John Locke. Si te preguntas qué clase de hombre era, él mismo te diría que alguien contento con su medianía. Alguien que, aunque no fue tan lejos en las ciencias, sólo buscó la verdad. Esto lo sabrás por sus escritos. De lo que él deja, ellos te informarán más fielmente que los sospechosos elogios de los epitafios. Virtudes, si las tuvo, no tanto como para alabarlo ni para que lo pongas de ejemplo. Vicios, algunos con los que fue enterrado. Si buscas un ejemplo que seguir, en los Evangelios lo encuentras; si uno de vicio, ojalá en ninguna parte; si uno de que la mortalidad te sea de provecho, aquí y por doquier.
Que nació el 29 de agosto del año de Nuestro Señor de 1632,
y que falleció el 28 de octubre del año de Nuestro Señor de 1704,
este epitafio, el cual también perecerá pronto, es un registro.
b)        CHARLES de SECONDAT, barón de MONTESQUIEU (1689/1755), en su obra más famosa “El espíritu de las leyes” distingue tres clases de gobierno: las repúblicas, la monarquía y el despotismo. Creía que el sistema inglés con sus tres poderes divididos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, era el sistema a seguir, pues había logrado limitar y controlar el poder real, asegurando mayor libertad y seguridad para el Estado. Dos son fundamentalmente los puntos en que los diferentes autores insisten al señalar la aportación original de Montesquieu al estudio científico de las sociedades humanas:
Uno es la descripción de la realidad social según un método analítico y “positivo” que no se detiene en la pura descripción empirista de hechos, sino que intenta organizar la multiplicidad de datos de la realidad social en un reducido número de tipos.
Y por último, el dar una “respuesta sociológica” a la aparente diversidad de los hechos sociales, bajo el supuesto de que existe un orden o causalidad de estos hechos susceptible de una interpretación racional. Es considerado uno de los precursores del liberalismo y fue quien elaboró la teoría de la separación de poderes.
c)             FRANCOIS MARIE AROUET, simplemente VOLTAIRE (1694/1778), reconocido crítico de la religión tradicional. En “Tratado sobre la tolerancia” fundamenta la necesidad de la tolerancia religiosa y les recuerda a los gobiernos que “todos los hombres son hermanos ante Dios”. Si bien alabó el sistema político inglés, al igual que Montesquieu, su ideal de gobierno parece haber sido el despotismo ilustrado. Defendió los intereses de los burgueses y desconfió de la ignorancia de los sectores populares. Criticó las guerras, la intolerancia, la censura, la burocracia, la corrupción, el oscurantismo, el uso de la tortura y el fanatismo religioso. Estas son algunas de sus frases:
Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo.”
“Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.”
“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.”
d) DENIS DIDEROT (1713/1784), su trabajo mas destacado lo constituyen los veintiocho tomos de laEnciclopedia, obra que contiene todos los saberes de la época analizados desde una perspectiva iluminista. La obra, dirigida junto a JEAN D’ALEMBERT, se basaba en la confianza en la ciencia y el progreso, la secularización del saber y la búsqueda de cambios. Sus explicaciones cuestionaban a las autoridades políticas y religiosas de la época, motivo por el cual fue considerada peligrosa y debió enfrentar innumerables prohibiciones. Entre sus más destacados colaboradores se encontraba: el biólogo George Buffon, el economista Anne Turgot y los filósofos ilustrados Voltaire, Condillac y Rousseau.
Estas son algunas de sus frases.
“El primer paso hacia la filosofía es la incredulidad.”
“La ignorancia está menos lejos de la verdad que el prejuicio.”
“No arrepentirse ni hacer reproches a los demás, son los pasos de la sabiduría.”
e) JEAN JACQUES ROUSSEAU (1712/1778), nacido en Ginebra, su obra “Discurso sobre los orígenes de la desigualdad de la humanidad”, plantea que el hombre en su estado primitivo era feliz, y que la civilización lo ha corrompido. ¿Cómo ha sucedido esto? Por mantener la propiedad privada la gente adoptó leyes y gobernantes y al hacer esto se precipitaron no a la libertad, sino a las cadenas. En el“Contrato social” (1762) trata de armonizar la libertad individual con la autoridad gubernamental, proponiendo una nueva forma de legitimar el gobierno. Rousseau sostenía que para restablecer la justicia perdida debía celebrarse un contrato social, que cambiara las reglas de convivencia para establecer otras fuentes de soberanía (poder). Por medio de este contrato cada ciudadano entrega sus derechos al gobierno a cambio de la garantía de su vida y su propiedad, creando una voluntad general en la búsqueda del bien común, una síntesis de lo que es mejor para todos. Según Rousseau, cada individuo debía someterse por decisión propia a la voluntad general, única fuente de soberanía. En síntesis, los gobernantes son meros funcionarios del `pueblo, que es el depositario del poder. Este es el principio de la soberanía popular.
Finalmente, “Emilio” o “De la educación” (1762) es una novela pedagógica, cuya parte religiosa le valió la condena inmediata por parte de las autoridades parisinas y su huida a Neuchâtel, donde surgieron de nuevo conflictos con las autoridades locales, de modo que en 1766, aceptó la invitación de David Hume para refugiarse en Inglaterra, aunque al año siguiente regresó al continente convencido de que Hume tan sólo pretendía difamarlo.
NUEVAS IDEAS EN ECONOMÍA
a) FRANCOIS QUESNAY (1694/1774), creador de la Fisiocracia, sostenía que la riqueza provenía de la tierra, rechazando la teoría mercantilista que ponía el acento en el dinero como elemento primordial de la economía. Creía en el libre juego de la oferta y la demanda, descreyendo de la participación del Estado. La frase: “laissez-faire, laissez-passer”, es decir “dejad hacer, dejad pasar” es una muestra de su postura.
Para Quesnay la única actividad económica generadora de excedentes era la agricultura. Y aunque el campesino guardara granos para la subsistencia de su familia y reservara semillas para volver a sembrar, siempre se generaba una ganancia bajo la forma de la renta de los terratenientes. Por otra parte, sostiene que la nobleza debe contribuir al desarrollo agrícola, invirtiendo capitales en el campo.
b) ADAM SMITH (1723/1790), en su obra “La riqueza de las naciones”, sostuvo que era el trabajo el que constituía la verdadera riqueza de una nación.  Defendió la libertad económica individual y el libre comercio internacional, al mismo tiempo que condenó el mercantilismo y el control estatal de la economía y los monopolios coloniales. Al enfatizar la libertad económica del individuo, los fisiócratas y Smith llevaron a la fundación de lo que en el siglo XIX sería conocido como liberalismo económico. La defensa de la libertad económica de los individuos y del libre comercio internacional pasaron a constituir, junto con el individualismo y la propiedad privada, las bases de la filosofía burguesa de fines del siglo XVIII y principios del XIX, y favorecieron el desarrollo del capitalismo.

[1] Para Hobbes el contrato social que los hombres formulaban para proteger sus intereses marcaba el paso del llamado “estado de naturaleza” a la sociedad civil.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Iluminismo

Iluminismo es el nombre con el que se conoce al fenómeno histórico que se desarrolló en diferentes partes de Europa durante el siglo XVIII y que se caracterizó primordialmente por cuestionar el Antiguo Régimen, la idea de monarquía como forma de gobierno y las instituciones tradicionales de la sociedad como por ejemplo la Iglesia, aquellas que eran dueñas del conocimiento o del poder. Este movimiento intelectual y político sirvió de profunda influencia para eventos de histórica importancia como por ejemplo la Revolución Francesa o la Independencia de Estados Unidos.
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El Iluminismo es considerado uno de los fenómenos históricos más importantes debido a la influencia que generó en las décadas siguientes así como también en los posteriores siglos. Los postulados de este movimiento intelectual serían tomados por los revolucionarios franceses que acabaron con la monarquía y el Antiguo Régimen en 1789 y que darían entonces nacimiento a la Era Contemporánea.
El Iluminismo comenzó cuando intelectuales de diferentes países europeos (Francia, Inglaterra, España, Alemania, etc.) comenzaron a plantear cuestionamientos a numerosos aspectos de la sociedad del siglo XVIII que tenían que ver principalmente con la forma de gobierno monárquica y la corrupción o atraso que la misma suponía, así como también con instituciones que se empezaron a considerar arcaicas, como la Iglesia. Los intelectuales, filósofos y científicos que formaron parte de este movimiento emprendieron la tarea de compendiar todo el conocimiento científico empírico (es decir, basado en el estudio de la realidad y no de la teología) en lo que se conoció como Enciclopedia. En ella se concentraban tratados de todo tipo, desde cuestiones de ciencias naturales, exactas, astronomía, lógica, filosofía, artes y otros. Opuesta al conocimiento establecido por la Iglesia, la Enciclopedia se consagró como uno de los elementos más puros del conocimiento occidental racional.
Además de los logros en los ámbitos de las ciencias, el Iluminismo también significó importantes avances en cuestiones de filosofía y política, desarrollándose teorías que comenzaron a cuestionar con fuerza a la concentración del poder que representaba la monarquía, su corrupción, la falta de participación de los grupos sociales y la falta de control a los gastos estatales. Así, surgieron pensadores como J.J. Rousseau, Montesquieu, Voltaire y otros que plantearon la necesidad de hablar de división de poderes, concepto que supone que no hay ya un solo gobernante sino que hay varias instancias de control entre quienes ejercen el poder. Además, Rousseau planteó la innovativa idea de la voluntad popular, haciendo referencia por primera vez en la historia moderna al derecho del pueblo a participar directamente en la elección de sus representantes.
El nombre de Iluminismo proviene de la idea de que el conocimiento racional, no teológico, empírico y basado en el método científico ilumina al ser humano, lo saca de su lugar de imposición y de ceguera, le permite conocer más allá de la religión y le brinda una mirada más exacta de la realidad.

martes, 12 de noviembre de 2013

La Conquista de México: el combate final

conquista_de_mexico / Ilustración: Leonid Nepomniachi

Por: Eduardo Matos Moctezuma

El reconocido investigador Eduardo Matos Moctezuma nos ofrece una mirada al último asalto que sufrió México-Tenochtitlan y su gemela Tlatelolco en manos del capitán Hernán Cortés el 13 de agosto de 1521.



La conquista de México enfrentó dos formas diferentes de concebir el universo. Fue el encuentro de dos intenciones, de dos distintos modos de pensar, de dos sociedades que tenían su particular manera de entender el mundo que los rodeaba. Si, por un lado, España estaba en plena expansión después del descubrimiento de América, lo que llevaba a muchos a tratar de encontrar el oro y la gloria valiéndose de la espada y la cruz, América también descubría a España, sufriendo en carne propia la destrucción de sus milenarias costumbres y la imposición de nuevas formas de vida que le eran ajenas. Así, en el caso de México, a la imposición militar siguió la lucha ideológica, que derribó ídolos y destruyó templos en su afán de desterrar lo que por cientos, y quizá miles de años había predominado en Mesoamérica.
Estas palabras las escribí hace ya varios años y pienso que no han perdido su validez. Después de las peripecias sufridas por ambos bandos llegaba el momento del enfrentamiento final. Cortés representaba para muchos grupos indígenas la posibilidad de liberarse del yugo azteca, que les imponía un tributo periódico en materias primas o en mano de obra, o en ambas. Los españoles se habían allegado así fuerzas guerreras de los grupos descontentos.
El capitán español planeó entonces el cerco de las ciudades de Tenochtitlan y Tlatelolco, que como sabemos estaban asentadas en medio del lago y unidas a tierra firme por grandes calzadas. Esta posición que podría resultar estratégica también tenía su lado vulnerable... y Cortés lo entendió así. Dividió a su ejército en cuatro grandes grupos y los colocó a la entrada de las calzadas para de esta manera aislar a los aztecas. La ciudad de Tacuba, al poniente, representaba el acceso por la calzada del mismo nombre a Tenochtitlan. Este grupo quedó al mando de Pedro de Alvarado, quien contaba con 150 soldados de espada y rodela, 30 jinetes y 18 escopeteros y ballesteros, además de casi 25 mil guerreros tlaxcaltecas. Por el sur estaba Cristóbal de Olid, asentado en Coyoacán, lo que permitía controlar esa zona. De Olid se apoyaba en 175 hombres de infantería, 33 de a caballo y 20 escopeteros y ballesteros, aparte de 20 mil tlaxcaltecas. Gonzalo de Sandoval tenía sus fuerzas por el rumbo de Iztapalapa, formadas por 150 soldados de infantería, 24 jinetes y 14 escopeteros y ballesteros, además de 30 mil guerreros provenientes de Chalco, Cholula y Huejotzingo. Por su parte, Cortés dirigía el ataque por agua al mando de 13 bergantines que habían sido construidos para tal fin. Además de ser el capitán general del ejército, comandaba a cerca de 300 hombres diestros en cosas del mar. Esta última fuerza se encontraba por el rumbo de Tacubaya, tal como se ve en el plano de Tenochtitlan de 1524, en el que se indica el sitio donde se estableció el cuartel general por medio de la bandera con el águila bicéfala.
Asalto a México-Tenochtitlan / Códice Florentino
Una de las primeras estrategias que siguió Cortés fue la de mandar cortar el agua potable que iba de Chapultepec a Tenochtitlan. Así lo relata el mismo Cortés:
Otro día de mañana los dos capitanes acordaron, como yo les había mandado, de ir a quitar el agua dulce que por caños entraba a la ciudad de Temixtitán; y el uno de ellos, con veinte de caballo y ciertos escopeteros y ballesteros, fue al nacimiento de la fuente, que estaba un cuarto de legua de allí, y cortó y quebró los caños, que eran de madera y de cal y canto, y peleó reciamente con los de la ciudad, que se le defendían por la mar y por la tierra; y al fin los desbarató, y dio conclusión a lo que iba, que era quitarles el agua dulce que entraba a la ciudad, que fue muy grande ardid.
El asedio a Tenochtitlan y Tlatelolco duró alrededor de 75 días. Los combates eran encarnizados y había muertos por doquier. A veces ocurría que los españoles avanzaban y tomaban ciertas posiciones, pero al día siguiente los aztecas volvían a recuperarlas. El ataque y la defensa eran implacables: “a la continua nos daban guerra, así de día como de noche”, dice Bernal Díaz. Por lo menos en una ocasión Cortés fue capturado, pero sus soldados pudieron liberarlo. Relata Bernal Díaz cómo los aztecas usaban la estrategia de fingir que huían para que los persiguieran, y entonces cercar al enemigo y arremeter en contra de él. En una de estas escaramuzas Cortés perdió varias decenas de hombres, que fueron capturados y sacrificados a los dioses. Los aztecas también recurrían a la estrategia de mostrar las cabezas ensangrentadas de los españoles, diciéndoles a las fuerzas enemigas que vieran aquellas cabezas que pertenecían a Cortés y a otros capitanes, para hacer decaer su ánimo. Al respecto, Bernal Díaz nos dice:
Estando de aquella manera, bien angustiados y heridos, no sabíamos de Cortés, ni de Sandoval, ni de sus ejércitos, si les habían muerto o desbaratado, como los mexicanos nos decían cuando nos arrojaron las cinco cabezas que traían asidas por los cabellos y de las barbas, y no podíamos saber de ellos porque batallábamos los unos de los otros obra de media legua...
La situación de los sitiados era cada día más difícil. No había agua potable y las canoas que llevaban víveres a la ciudad eran atacadas por los bergantines. En ocasiones hasta mil canoas dieron combate al enemigo. Sin embargo, los españoles lograban avanzar poco a poco. En cada tramo que tomaban cegaban los canales y las acequias para que fuera más fácil el avance. Llegó un momento en que Cortés decidió hacer las paces con Cuauhtémoc, en quien había recaído el mando del ejército tenochca después de la muerte de Cuitláhuac a causa de la viruela. La respuesta del joven tlatoani no se hizo esperar, según refiere Bernal Díaz del Castillo:
Entonces Guatemuz, medio enojado, dijo: ”Pues que así queréis que sea, guardad mucho el maíz y bastimento que tenemos, y muramos todos peleando, y desde aquí adelante ninguno sea osado a demandarme paces. Si no, yo le mandaré matar”. Y allí todos prometieron pelear noches y días o morir en defensa de su ciudad.
Las siguientes palabras de Bernal Díaz son elocuentes en relación con la manera de combatir de ambos bandos:
Como ya estábamos acostumbrados a los encuentros, aunque cada día herían y mataban de nosotros, teníamos con ellos pie con pie. De esta manera pelearon seis o siete días arreo, y nosotros les matábamos y heríamos muchos de ellos, y con todo esto no se les daba nada por morir. Acuérdome que nos decían: “¡En qué se anda Malinche [Cortés] cada día que tengamos paces con vosotros! Ya nuestros ídolos nos han prometido victoria, y tenemos mucho bastimento y agua, y ninguno de vosotros hemos de dejar con vida. ¡Por eso no tornen a hablar sobre paces, pues las palabras son para las mujeres y las armas para los hombres!”.
Enfermos de viruela / Códice Florentino
Pese a estos actos heroicos, la defensa de la ciudad era ya insostenible. Escaseaban el agua y la comida. El Anónimo de Tlatelolco, escrito en nahua en 1528, nos relata cómo las mujeres de Tlatelolco también entraron en combate:
Fue cuando también lucharon y batallaron las mujeres de Tlatelolco lanzando sus dardos. Dieron golpes a los invasores; llevaban puestas insignias de guerra; las tenían puestas. Sus faldellines llevaban arremangados, los alzaron para arriba de sus piernas para poder perseguir a los enemigos.
Los combates continúan. El hedor de los cuerpos resulta insoportable y la cantidad de muertos de uno y otro bando es enorme. Bernal Díaz lo compara con la destrucción de Jerusalén:
Yo he leído la destrucción de Jerusalén; mas si fue más mortandad que ésta, no lo sé cierto, porque faltaron en esta ciudad tantas gentes, guerreros de todas las provincias y pueblos sujetos a México que allí se habían acogido, y todos los más murieron; y, como ya he dicho, así el suelo y laguna y barbacanas todo estaba lleno de cuerpos muertos, y hedía tanto que no había hombre que lo pudiese sufrir.
El 13 de agosto de 1521 cae Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. El tlatoani se aprestaba a retirarse en canoas con su familia y sus capitanes cuando fue alcanzado por el bergantín de García Holguín, quien lo hizo prisionero. Llevado ante Cortés, el joven Cuauhtémoc se dirige al capitán español y le dice: “Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cintura y mátame luego con él”.
Varias veces me he referido a este encuentro entre Cuauhtémoc y Cortés para ponerlo como ejemplo de la incomprensión entre una y otra culturas. Las palabras que le son traducidas a Cortés por parte de Jerónimo de Aguilar y Marina no son entendidas en todo su significado. Lo que Cuauhtémoc quiere decir no es que lo maten, sino que lo sacrifiquen abriéndole el pecho, como corresponde a un guerrero capturado en combate, ya que su destino es morir así para acompañar al Sol en su diario recorrido. Nada sabe Cortés de esto y lo deja con vida. ¡Terrible destino para el capitán de las fuerzas aztecas, pues se le impide que, como guerrero, complete su ciclo y acompañe al Sol...!
En Tlatelolco se sella el destino de los dos pueblos. De esto he dicho en otra ocasión:
Cortés no entiende esto... y le perdona. El joven prisionero deseaba más profundamente la muerte -como se la deparaban sus propias costumbres– que la existencia a la que se le condenaba a vivir. Son dos intenciones, dos formas de pensar y de ser diferentes. Es la incomprensión que determinará de ahí en adelante el destino de cada uno de los contendientes: el indio, sometido y sujeto de explotación; el español, inquisidor y esclavista. Se consumaba así la conquista militar de la ciudad para dar paso a una lucha más ardua aún: la conquista ideológica a través de la Iglesia. La destrucción de la ciudad y de los templos indígenas fue sistemática, y hubo un fraile que la comparó con la séptima plaga de Egipto. Comenzaba la muerte de los dioses prehispánicos. Era el 13 de agosto de 1521...
Fuente: http://www.mexicodesconocido.com.mx/la-conquista-de-mexico.-el-combate-final.html

Hernán Cortés. Un conquistador de su tiempo

hernan_cortes_conquistador / Ilustración: Leonid Nepomniachi

Por: Angel Gallegos

Te ofrecemos una mirada a la vida y obra del capitán español que, tras conformar un pequeño ejército y lograr valiosas alianzas con los indígenas tlaxcaltecas, logró conquistar a la poderosa Tenochtitlan.



Los caballos de los conquistadores españoles detuvieron repentinamente su galope. Situados justo al pie de los volcanes -en el punto que actualmente conocemos con el nombre de "Paso de Cortés-, el capitán extremeño esbozó una mailiciosa sonrisa, descendió de su corcel y, sin ocultar su asombro, contempló el anchuroso valle que se extendía a lo lejos, dejando entrever numerosos templos y palacios "de cal y canto", los cuales parecían emerger de entre las aguas cual mágica visión extraída de uno d elos libros de caballería más populares de aquel tiempo. Ávido de poder, fama y riquezas, Hernán Cortés sabía que la historia de la Conquista de México apenas estaba por comenzar...
De origen humilde, Cortés nació en 1485 en la ciudad española de Medellín, en la región de la Extremadura castellana. Cuando tenía catorce años, sus padres, dueños de un molino de trigo, un colmenar y una viña, lo enviaron a estudiar a la Universidad de Salamanca. En esa ciudad radicó en casa de un Francisco Núñez de Valera, quien enseñaba latín -y de quien seguramente lo aprendió Cortés-, y estaba casado con una media hermana de su padre. Años después, contrario a la voluntad de sus progenitores, que hubieran querido verlo licenciado, el joven Cortés dejó inconclusos sus estudios y decidió probar suerte en las recién descubiertas Indias, a donde se embarcó en 1504, llegando a la isla de La Española, lugar en el que, según Bernal Díaz del Castillo, vivió “adeudado y pobre”, hasta que por la ayuda que había brindado en la pacificación de algunas partes de la isla, el gobernador Ovando le otorgó algunos indios de encomienda y la escribanía del naciente ayuntamiento de Azua.
Tiempo más tarde, hacia 1511, Cortés participó en la conquista de Cuba, en donde viviría “haciéndose amigo de las armas”, hasta 1519, cuando el gobernador de la isla, Diego Velázquez, decide enviarlo en auxilio de Juan de Grijalva, quien varios meses antes había sido despachado por el mismo Velázquez a las costas de Yucatán con el objetivo de explorar y, de ser posible, poblar las tierras que descubriese.

Cuadro de Hernán Cortés / Museo Nacional del Virreinato

Así pues, Cortés, ya de 34 años de edad, se hizo a la mar con seis pequeñas embarcaciones, haciendo escala en el puerto de Trinidad, donde se ganó para su partido -que había comenzado a organizar- a Francisco Verdugo (alcalde del puerto), a Diego de Ordaz y a otros comisionados por el mismo Velázquez para aprehenderlo, arrepentido ya de haberle encomendado la empresa de descubrimiento y conquista de aquellas tierras reconocidas por Grijalva. En franca rebeldía, Cortés desobedeció a Diego Velázquez y avanzó hacia el puerto de Carenas, actual ciudad de La Habana, capital de Cuba, donde reclutó más gente, alcanzando a sumar 934 hombres, además de dieciséis caballos, diez cañones y cuatro falconetas, todo lo cual embarcó en once naves al mando del conocido hombre de mar Antón de Alaminos, dando así inicio formal a su empresa de conquista.
La expedición, que zarpó de La Habana el 10 de febrero de 1519, hizo su primera escala en la isla de Cozumel, donde se le incorporó el náufrago Jerónimo de Aguilar; otro náufrago, Gonzalo Guerrero, rehusó volver a lado de los europeos.
El 4 de marzo las fuerzas de Cortés reanudaron la navegación, pasando por Cabo Catoche, en el extremo noreste de la península de Yucatán; continuando al oeste tocaron Campeche, penetrando el día 12 del mismo mes por el río Tabasco, llamado después de Grijalva, hasta Centla o Zintla, donde tuvieron los primeros choques con los indígenas; habiendo salido triunfantes los españoles, fundaron el 25 de marzo la Villa de Santa María de la Victoria; en esa fecha, en señal de sumisión, se presentaron los caciques locales con varios regalos, entre los cuales había veinte mujeres, una de ellas Malintzin o doña Marina, quien pronto sería segunda intérprete y primer amor indígena del capitán Cortés.
Los navíos reanudaron su marcha y bordearon las costas del Golfo de México hasta el puerto de San Juan de Ulúa la tarde del Jueves Santo, 21 de abril de 1519; al poco tiempo hicieron su aparición los primeros enviados del señor Moctezuma. Al día siguiente Cortés hizo desembarcar a sus hombres, mandó plantar los primeros reales y encalló algunos de los navíos que llevaba para imposibilitar el regreso de los soldados que intentaban desertar.
Después de fundar la famosa Villa Rica de la Vera Cruz (en dos ocasiones y en dos lugares distintos) Cortés y sus soldados avanzaron hacia Zempoala, donde fueron bien recibidos; pasaron por Xalapa, el Cofre de Perote y los señoríos tlaxcaltecas, donde después de enfrentar a los habitantes de este reino los hizo sus aliados, para así, finalmente, encaminarse hacia la gran ciudad lacustre, cuya primera imagen obtuvo al alcanzar el punto más alto entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Camino de Hernán Cortés hacia Tenochtitlan / Códice Florentino
Cortés y sus huestes entraron a México-Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519; la historia consecuente es ya bien conocida por todos: la capital del reino de Moctezuma fue conquistada a sangre y fuego, y tras 75 días de sitio cayó el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito para los españoles. Posteriormente, sobre sus ruinas se asentaron los cimientos de una nueva ciudad colonial. Poco tiempo después, Cortés fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva España.
En 1524 Cortés organiza su famosa expedición a Las Hibueras en busca de Cristóbal de Olid; en el trayecto, en algún lugar cercano a la provincia de Acalan, dio muerte al último soberano tenochca, Cuauhtémoc. A su regreso reasume el gobierno que le quitara un juez, quien había llegado para hacerle un juicio de residencia, que para entonces no prospera. En estas circunstancias, Cortés decide viajar a España en 1528 y logra ver al emperador Carlos V, de quien recibe todos los honores pero no el poder total de la naciente Nueva España.
Cortés también fue procesado por la misteriosa muerte de su primera mujer, doña Catalina Xuárez, siendo el principal sospechoso en un juicio que tampoco vería fin.
Para 1536, ya con el título de Marqués del Valle de Oaxaca, aunque con un poder y una autoridad muy disminuidos, el conquistador se aventura en una nueva expedición, esta vez a las Californias, donde descubre el mar que hoy lleva su nombre.
Viejo y ya con 55 años de edad, el otrora hombre “de buena estatura, rehecho y de gran pecho” regresa a España en 1540 para tratar de arreglar su situación; ahí se entera de que no puede regresar más a la Nueva España hasta que se resuelvan sus problemas de residencia. Así que anda de allá para acá siguiendo a las Cortes itinerantes, hasta que ya casi abrumado por su situación económica empeña sus bienes más valiosos y se refugia en casa de un amigo en Castilleja de la Cuesta, en las cercanías de la ciudad de Sevilla, donde muere el 2 de diciembre de 1547, ya muy enfermo y extenuado por la fatal disentería.
Como ya lo dijimos, el conquistador extremeño no volvió a ver las tierras que con valor y coraje ganó para su rey; sin embargo, sus restos sí volvieron a México, en 1566, para ser depositados en una discreta cripta que actualmente permanece empotrada en una pared de la Iglesia de Jesús, a unos pasos de la actual estación Pino Suárez del Metro, en el Centro Histórico de la ciudad que él mismo conquistó...
Fuente: http://www.mexicodesconocido.com.mx/hernan-cortes-biografia.html